Estrelló sus puños en las inmaculadas sábanas blancas de aquel lugar. Sus ojos inundados de lágrimas mientras negaba con la cabeza una y otra vez. No pudo evitar que un sollozo sacudiera su cuerpo con fiereza. Sintió una cálida mano en su hombro pero sus ojos no hicieron el más mínimo intento de descubrir a la persona que con tanta calidez trataba de calmarla.
Tomó las sábanas entre sus puños logrando que sus nudillos se volvieran completamente blancos. Cerró los ojos en un intento de impedir que las lágrimas cayeran inútiles sobre sus mejillas. Se recostó lentamente en la cama evitando cualquier contacto con la persona que estaba ahí en ese momento. Se pasó la mano por los ojos cuando sintió las lágrimas caer libremente.
-Todo estará bien- escuchó, pero negó fuertemente con la cabeza incapaz de decir alguna palabra. Los días pasaron, las lágrimas en sus ojos se habían secado y eran reemplazadas por sonrisas cansadas. Ojeras cubriendo su joven rostro y la resequedad de no haber probado agua en días ya estaba presente en sus labios. La cama de hospital ya reconocía perfectamente su figura delgada y pálida. Saludó con una mano a su madre y se concentró en resolver el crucigrama que estaba frente a ella. Las horas pasaron, casi como si fueran minutos y dejó escapar un suspiro cansado.
Se recostó en esa cama que la había hospedado por más de un mes y observó el exterior, los rayos del sol caían sobre los cuerpos de las personas. Observó su pálida piel y reprimió otro suspiro. El olor a comida le provocaba náuseas hasta que su madre cerró la ventana cercana con una sonrisa.
Volvió a sentarse en la cama esta vez colocándose sus audífonos dejando que la música la llevara a otro lugar, un lugar de escape. Miró el blanco techo, como todo en aquel lugar, deseando no estar ahí por milésima vez ese día. Sus ojos se posaron sobre sus lastimados brazos, cansados ya de recibir tantas inyecciones. Su vista recorrió el cable que la conectaba al suero médico. Por milésima vez ese día se preguntó hasta cuándo. Por milésima vez ese día se preguntó por qué. Por milésima vez ese día lo único que quiso fue cerrar los ojos y soñar.
***
Habían pasado ya dos años desde aquel suceso que ella consideraba una pesadilla. Aún recordaba la alegría que la invadió cuando le anunciaron que al fin podría regresar a su vida normal, había saltado casi de la cama ignorando el hecho de que no podía mantenerse de pie sola y que aún seguía conectada a esa máquina que le suministraba las medicinas cada cierto tiempo. La sonrisa deformada y cansada que se mostró en su rostro había expresado toda la felicidad que su corazón sentía en esos momentos.
Cerró los ojos tomando su mochila y sumergiéndose en aquellos dolorosos recuerdos que ya no dolían tanto. Elevó su vista al cielo y sonrió cuando las pequeñas gotas de lluvia acariciaron sus mejillas ahora de un color rojizo debido al sol. Recordó la primera vez que tuvo que cerrar sus ojos cuando los rayos solares le dieron de lleno en el rostro, recordó cómo se apoyó en el brazo de su madre al salir del edificio y recordó haber cerrado sus ojos en una habitación que ya no era blanca, sino llena de colores como a ella le gustaba.
Extendió sus brazos dejando que la lluvia la mojara de pies a cabeza, llegaría tarde pero no importaba, ese día no.
Recordó la alegría de sus amigos de tenerla de vuelta, recordó los abrazos de su familia cuando la vieron llegar después del largo viaje de regreso a casa. Recordó los latidos rápidos de su corazón cuando pudo descansar su cuerpo en la mullida cama en la mitad de su habitación. Recordó con una sonrisa en su rostro cuando todo a su alrededor ya era familiar.
Se sentó en una banca de madera que se encontraba en una esquina del parque cerca de su casa. De nada servía tratar de cubrirse en ese momento de la lluvia y observó a las personas pasar. Observó a un pequeño niño jugar con los charcos que se habían formado provocándole una pequeña risa. Miró sus manos y sus brazos, tocaba con la punta de sus dedos aquellos lugares en los que las agujas la habían lastimado. Tocó sus piernas que habían recuperado su peso, tocó las diversas cicatrices que estaban ya marcadas en su cuerpo. Cerró los ojos con una sonrisa en su rostro.
Se estaría mintiendo a si misma si dijera que no recuerda los momentos difíciles aún después de haber vuelto a su hogar. Mentiría si dijera que no recuerda aquellas discusiones entre su madre y ella debido a sus depresiones constantes. Mentiría si dijera que no recuerda haber extrañado poder gritar y usar su voz como antes. Mentiría si dijera que no extrañaba comer. Mentiría si dijera que no lloraba todas las noches porque aún no era la de antes. Mentiría si dijera que no quería que todo pasara rápido y que aquello se convirtiera en un recuerdo lo más pronto posible. Mentiría si dijera que no se abrazaba a si misma cuando sus amigos solo podían darle palabras de apoyo.
Se levantó del asiento caminando sin rumbo, dejando que su mente viajara a sus recuerdos, aquellos que se habían mantenido guardados hasta que su propio corazón fuera capaz de soportarlos sin dolor. Levantó su vista sorprendiéndose al encontrarse en un estacionamiento ¿tanto había caminado?, era grande, parecía no tener fin, la lluvia había formado innumerables charcos por todos lados. Y entonces sucedió.
Corrió.
Corrió sin importarle sus cosas en el suelo. Corrió hasta que las piernas le dolieron. Corrió hasta que el pecho le dolía al respirar por falta de aire.
Gritó lo más que pudo y le sonrió al cielo. Rió como nunca, brincó en cada uno de los charcos, se dejó caer en el lodo.
Para cuando llegó a su casa, el regaño que había aguardado en labios de su madre desapareció cuando la vio sonreír tan ampliamente aún luciendo como un verdadero desastre. Le preguntó con preocupación en su voz qué le había pasado, ella solo sonrió aún más con las mejillas encendidas.
“Fui libre.”
Porque después de que te has liberado de las cadenas que te sostenían, lo único que quieres es sentirte libre.
-
Esto es una especie de historia/recuerdo que nació después de haber visto algo que me recordó ese mes en el hospital y esos meses después con todo lo de la recuperación. Me puse a pensar en todo lo que pasó, en todo lo que no pasó y me di cuenta de todo lo que cambió desde ese entonces. Fui privada de poder hacer muchas cosas tanto antes como después y aunque mi historia no termina como la que escribí (mi historia aún no termina) planeo correr de esa forma... porque puedo.
Antes de que todo pasara, no sabía ver lo que tenía frente a mi, aquellas pequeñas cosas que la gente ignora, aquellas cosas que damos por hecho que suceden, aquellas cosas que están ahí pero que no nos tomamos el tiempo de hacerlas como se deben.
Antes de que todo pasara yo podía hablar, podía comer, caminar, correr y hacer de todo, pero daba por hecho, estaba segura de que podría hacerlo siempre. Después todo cambió y entonces entendí muchas cosas, muchísimas.
Amo mi voz, porque a pesar de ser irritante en muchas ocasiones, chillona en muchas otras, amo poder hablar, poder expresarme como quiero y decir lo que quiero. Amo comer, poder disfrutar de la comida que pasa a través de mi paladar y mi garganta. Amo bailar, moverme con el compás de la música, equivocarme y seguir intentando. Amo hacer eso y muchas otras cosas más, ¿saben por qué? Porque puedo.
Muchas veces nos detenemos a pensar en todas las cosas que queremos hacer y que no hacemos por vergüenza o por dejarlas para otro día.
Ríe cuando quieras hacerlo, disfruta de las risas de las personas, disfruta de sus sonidos.
Come lo que quieras, saborea las distintas combinaciones de los diferentes alimentos que hay.
Baila como quieras, cuando quieras, en donde quieras.
Expresa lo que sientes en cualquier momento.
Abraza a tus amigos, a tu familia, a quienes quieras.
Ama, sonríe, disfruta, corre, salta, baila, escribe, canta... porque puedes.
Nunca te detengas de hacer algo hoy, nunca te arrepientas de no haber hecho algo. Haz lo que quieras, lo que sea bueno para ti, para tu cuerpo. Corre y vuelve a correr. Cae, levántate y vuelve a caer para volver a levantarte. Salta lo más alto que puedas. Hazlo, no te detengas. Grítale al mundo que puedes hacerlo. Avanza, arriésgate, porque es la única forma que tienes de conocer, de aprender. ¿De qué te sirve esperar a que todo te pase? ¿De qué sirve esperar a que sucedan cosas drásticas para poder entender? Libérate, sé libre, suelta las cadenas que estás tomando por miedo y haz las cosas porque puedes.
Cambia el no puedo hacerlo por un lo intentaré.
Cambia el lo intentaré por un lo haré.
Cambia el lo haré por un LO LOGRÉ.
Lo mejor es haberlo intentado, que arrepentirte por no haberlo hecho.
Nunca sabes qué puede pasar que ya no te permita hacer las cosas como antes, ahora que puedes, DISFRUTA. Intenta lo que nunca te animaste a intentar, haz lo que nunca te animaste a terminar, haz lo que quieras simplemente porque puedes y nadie te puede detener. Equivócate, nadie nace sabiendo hacer de todo y lo mejor es ir aprendiendo.
Curiosa reflexión, pero quería compartirla en algún lado... porque puedo.
See ya next time~~
Graduación?
Hace 2 semanas


